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jueves, 15 de septiembre de 2011

Willian Blake


Los antiguos poetas animaban todos los objetos sensibles con dioses o genios. Les prestaban nombres de bosques, ríos, montañas, lagos ciudades, naciones y de todo lo que sus dilatados y numerosos sentidos podían percibir, y en particular estudiaban el genio de cada ciudad o país y los colocaban bajo el patrocinio de su divinidad mental. Hasta que se formó un sistema del cual algunos se aprovecharon para esclavizar al vulgo pretendiendo comprender o abstraer las divinidades mentales de sus objetos. Así comenzó el sacerdocio. Que escogió formas de culto tomándolas de cuentos poéticos. Hasta que por fin sentenciaron que eran los dioses quienes habían ordenado aquello.
Así los hombres olvidaron que todas las deidades residen en el pecho humano.



William Blake

domingo, 1 de mayo de 2011

Un sueño dentro de otro sueño

¡Recibe en la frente este beso!
Y, por librarme de un peso
antes de partir, confieso
que acertaste si creías
que han sido un sueño mis días;
¿Pero es acaso menos grave
que la esperanza se acabe
de noche o a pleno sol,
con o sin una visión?
Hasta nuestro último empeño
es sólo un sueño dentro de un sueno.

Frente a la mar rugiente
que castiga esta rompiente
tengo en la palma apretada
granos de arena dorada.
¡Son pocos! Y en un momento
se me escurren y yo siento
surgir en mí este lamento:
¡Oh Dios! ¿Por qué no puedo
retenerlos en mis dedos?
¡Oh Dios! ¡Si yo pudiera
salvar uno de la marea!
¿Hasta nuestro último empeño
es sólo un sueño dentro de un sueño?

Edgar Allan Poe

domingo, 20 de marzo de 2011

Juan de Mena II

Cuando vi morir mi vida
y vida dar a mis males,
cuya vida es despedida
de quien fue desconocida
a mis penas desiguales.
Entonces bien me pensé,
pensé que mi pensamiento,
tanto fuerte,
non tuviera sobre qué,
sobre qué darme tormento
sobre muerte.

Juan de Mena

martes, 8 de febrero de 2011

W.Shakespeare: Cuando haya muerto

Cuando haya muerto, llórame tan sólo
mientras escuches la campana triste,
anunciadora al mundo de mi fuga
del mundo vil hacia el gusano infame.

Y no evoques, si lees esta rima,
la mano que la escribe, pues te quiero
tanto que hasta tu olvido prefiriera
a saber que te amarga mi memoria.

Pero si acaso miras estos versos
cuando del barro nada me separe,
ni siquiera mi pobre nombre digas
y que tu amor conmigo se marchite,

para que el sabio en tu llorar no indague
y se burle de ti por el ausente.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Mario Benedetti: Luna congelada



Con esta soledad
alevosa
tranquila
con esta soledad
de sagradas goteras
de lejanos aullidos
de monstruos de silencio
de recuerdos al firme
de luna congelada
de noche para otros
de ojos bien abiertos

con esta soledad
inservible
vacía

se puede algunas veces
entender
el amor.







REQUIESCAT IN PACE


lunes, 17 de enero de 2011

Francisco de Quevedo: Soneto 3

¡Fue sueño ayer; mañana será tierra!

¡ Poco antes, nada; y poco después, humo!

¡Y destino ambiciones, y presumo

apenas punto al cerco que me cierra!

Breve combate de importuna guerra,

En mi defensa, soy peligro sumo;

Y mientras con mis armas me consumo,

Menos me hospeda el cuerpo, que me entierra.

Ya no es ayer; mañana no ha llegado;

Hoy pasa, y es, y fue, con movimiento

Que la muerte me lleva despeñado.

Azadas son la hora y el momento

Que, a jornal de mi pena y mi cuidado,

Cavan en mi vivir mi monumento.

Francisco de Quevedo

lunes, 15 de noviembre de 2010

Georg Trakl: Los Cuervos

(Die Raven)

Sobre el negro rincón acosa
la sombra de los cuervos al mediodía,
rozando la cierva en agria algarabía,
puede verse cuan huraños reposan.

Oh cómo agitan la sombría calma
en un campo que extasía,
cual mujer que grave intuición cautiva;
puede oírse cuando regañan

por carroña, que por allᬠhan de oler,
y vuelven de pronto al norte el vuelo;
como un cortejo se pierden en el cielo,
en aires que tiemblan de placer.



Georg Trakl.

lunes, 4 de octubre de 2010

Lord Byron: Oscuridad

OSCURIDAD

Tuve un sueño, que no era del todo un sueño.El brillante sol se apagaba, y los astros
Vagaban apagándose por el espacio eterno,
Sin rayos, sin rutas, y la helada tierra
Oscilaba ciega y oscureciéndose en el aire sin luna;
La mañana llegó, y se fue, y llegó, y no trajo consigo el día,
Y los hombres olvidaron sus pasiones ante el terror
De esta desolación; y todos los corazonesSe congelaron en una plegaria egoísta por luz;
Y vivieron junto a hogueras - y los tronos,
Los palacios de los reyes coronados - las chozas,
Las viviendas de todas las cosas que habitaban,
Fueron quemadas en los fogones; las ciudades se consumieron,
Y los hombres se reunieron en torno a sus ardientes casas
Para verse de nuevo las caras unos a otros;Felices eran aquellos que vivían dentro del ojo
De los volcanes, y su antorcha montañosa:
Una temerosa esperanza era todo lo que el mundo contenía;
Se encendió fuego a los bosques - pero otra tras hora
Fueron cayendo y apagándose - y los crujientes troncos
Se extinguieron con un estrépito - y todo estuvo negro.
Las frentes de los hombres, a la luz sin esperanza
Tenían un aspecto no terreno, cuando de prontoLos haces caían sobre ellos; algunos se tendían
Y escondían sus ojos y lloraban; otros descansaban
Sus barbillas en sus manos apretadas, y sonreían;
Y otros iban rápido de aquí para allá, y alimentaban
Sus pilas funerarias con combustible, y miraban hacia arriba
Con loca inquietud al sordo cielo,
El sudario de un mundo pasado; y entonces otra vez
Con maldiciones se arrojaban sobre el polvo,Y rechinaban sus dientes y aullaban; las aves silvestres chillaban,
Y, aterrorizadas, revoloteaban sobre el suelo,
Y agitaban sus inútiles alas; los brutos más salvajes
Venían dóciles y trémulos; y las víboras se arrastraron
Y se enroscaron entre la multitud,
Sisando, pero sin picar - y fueron muertas para ser alimento:
Y la Guerra, que por un momento se había ido,
Se sació otra vez; - una comida se comprabaCon sangre,
y cada uno se hartó resentido y solo
Atiborrándose en la penumbra: no quedaba amor;
Toda la tierra era un solo pensamiento - y ese era la muerte,

Inmediata y sin gloria; y el dolor agudo
Del hambre se instaló en todas las entrañas - hombres
Morían, y sus huesos no tenían tumba, y tampoco su carne;
El magro por el magro fue devorado,
Y aún los perros asaltaron a sus amos, todos salvo uno,Y aquel fue fiel a un cadáver, y mantuvo
A raya a las aves y las bestias y los débiles hombres,
Hasta que el hambre se apoderó de ellos, o los muertos que caían
Tentaron sus delgadas quijadas; él no se buscó comida,
Sino que con un gemido piadoso y perpetuo
Y un corto grito desolado, lamiendo la mano
Que no respondió con una caricia - murió.
De a poco la multitud fue muriendo de hambre; pero dosDe una ciudad enorme sobrevivieron,
Y eran enemigos; se encontraron junto
A las agonizantes brasas de un altar
Donde se había apilado una masa de cosas santas
Para un fin impío; hurgaron,
Y temblando revolvieron con sus manos delgadas y esqueléticas
En las débiles cenizas, y sus débiles alientos
Soplaron por un poco de vida, e hicieron una llamaQue era una burla; entonces levantaron
Sus ojos al verla palidecer, y observaron
El aspecto del otro - miraron, y gritaron, y murieron -
De su propio espanto mutuo murieron,
Sin saber quién era aquel sobre cuya frente
La hambruna había escrito Enemigo. El mundo estaba vacío,
Lo populoso y lo poderoso - era una masa,
Sin estaciones, sin hierba, sin árboles, sin hombres, sin vida -Una masa de muerte - un caos de dura arcilla.
Los ríos, lagos, y océanos estaban quietos,
Y nada se movía en sus silenciosos abismos;
Los barcos sin marinos yacían pudriéndose en el mar,
Y sus mástiles bajaban poco a poco; cuando caían
Dormían en el abismo sin un vaivén -
Las olas estaban muertas; las mareas estaban en sus tumbas,
Antes ya había expirado su señora la luna;Los vientos se marchitaron en el aire estancado,
Y las nubes perecieron; la Oscuridad no necesitaba
De su ayuda - Ella era el universo.


Lord Byron

martes, 7 de septiembre de 2010

La canción del pirata

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.



La luna en el mar riela
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Istambul:



Navega, velero mío
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.



Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.



Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.



Allá; muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí; tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.



Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pechos mi valor.



Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.



A la voz de “¡barco viene!”
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.



En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.



Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.



¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna antena,
quizá; en su propio navío
Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.



Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.



Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.



Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.



Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.


Aaquí teneis el poema original, pero si estais interesados en una versión mas moderna y cantada aqui os dejo con el videoclip.

sábado, 17 de julio de 2010

El espíritu de los muertos por Edgar Allan Poe


Tu alma, sobre la tumba de piedra gris
a solas yacerá con sombríos pensamientos;
Nadie, en toda esa intimidad, penetrará
en la delgada hora de tu Secreto,

Sé silencioso en esa quietud,
la cual no es Soledad, ya que
Los Espíritus de los Muertos,
quienes te precedieron en la Vida,
en la Muerte te rodearán,
y con Sombras, tu quietud enlazarán;

La Noche, tan clara, se oscurecerá,
y las estrellas nos arrebatarán su brillo
desde sus altos tronos en el Cielo,
con su luz de esperanza para los mortales,
pero sus esferas rojas, apagadas,
en tu hastío tendrán la forma de Fiebre y Llamas,
y te reclamarán para siempre.

Ahora son pensamientos que no desterrarás,
Ahora son visiones casi desvaneciéndose;
De tu Espíritu no pasarán jamás,
como la gota de rocío muere sobre la hierba

La brisa, aliento de Dios, es inmóvil,
y la niebla sobre la colina
Sombría, sombría, y a la vez intocable,
Es una Señal y un Símbolo.
¡Cómo se extiende sobre los árboles.


Edgar Allan Poe

lunes, 14 de junio de 2010

La danza de la muerte

La danza de la muerte

El guardián miró hacia abajo en la medio de la noche:

Sobre las tumbas que yacen dispersas allá,

Con su luz plateada la luna llenaba el espacio,

Y la iglesia como el día parecía brillar,

Entonces vio, primero una tumba, y luego otra que se abría,

Y hombres y mujeres fueron vistos al avanzar,

Envueltos en pálidas y níveas mortajas.


Apurados por correr pronto doblaron los tobillos,

Girando en rondas y danzas tan alegres,

El joven y el viejo, el rico y los pobres.

Pero las mortajas les molestaban,

Y como la modestia no puede perturbarlos,

Se sacudieron, y pronto aparecieron los sudarios

Dispersos y confusos sobre las tumbas.


Entonces agitaron las piernas, estremecieron los muslos,

Mientras la tropa con extraños gestos avanzaba,

Los gritos y clamores se elevaron alto,

Hasta que el tiempo y la danza marcaron el mismo ritmo.

La vista del guardián parecí­a abrumada de maravillas

Cuando el villano Tentador le habló así­ al oí­do:

Aprovecha una de las mortajas que allí­ yacen.


Rápido como el pensamiento la tomó y huyó

Detrás del portal de la capilla a toda velocidad;

La luna seguía derramando su blanquecina luz

Sobre la danza que temerariamente se desarrollaba.

Pero los bailarines se fueron retirando uno a uno,

Y sus mortajas, mientras se desvanecí­an, reposaron,

Y bajo el césped todo estuvo tranquilo.


Pero uno de ellos tropieza y queda tendido allí­,

E intenta alcanzar el sepulcro con desesperación;

Sin embargo, sus camaradas lo ignoraban,

Y él percibió el aroma del sudario en el aire.

Así­ que agitó la puerta, pues el guardián se protegía,

Para repeler al enemigo, bajo el bendito peso

De las cruces de metal.


El sudario debe conseguir, pues sin él no hay descanso,

Permaneció unos instantes reflexionando

Sobre los ornamentos góticos que el espectro ansiaba.

¡Pobre guardián! ¡Su destino está sellado!

Como una larga y espantosa araña, en súbito andar,

Así­ avanzaba el pérfido y espantoso gusano.


El guardián tembló, y la palidez lo sobrecogió;

Mientras el fantasma buscaba su sombrí­a mortaja,

Cuando al final (ahora nada puede salvarlo)

En un diente de hierro fue capturado,

Cuando el luctuoso brillo de la luna se apagaba,

Cuando sonoro estalló el trueno de la campana,

Desvaneciendo el esqueleto, deshecho en átomos.


Johann Wolfgang Von Goethe

viernes, 14 de mayo de 2010

Para Annie.

¡A Dios gracias! La crisis, el peligro ha pasado,

y la pena interminable al fin concluyó,

y esa fiebre llamada vivir fue vencida al final.


Tristemente, se que fui despojado de mi fuerza,

y sin mover un músculo permanezco tendido.

Mas nada importa, yo siento que al fin me encuentro mejor.


Y tan quieto yazgo en mi lecho

que cualquiera que me viese podrí­a imaginar que estoy muerto,

podría estremecerse al mirarme creyéndome muerto.


El lamentarse y gemir, los llantos y los suspiros, fueron aplacados;

y con ellos el horrible palpitar del corazón.

¡Ah , ese horrible, horrible palpitar!


Los mareos, las náuseas, el dolor implacable,

cesaron con la fiebre que laceraba mi cerebro,

con la fiebre llamada vivir que quemaba mi cerebro.


Se calmó también la tortura, de todas la peor:

esa horrible tortura de la sed por las aguas mortales del río maldito de la Pasión;

pues para ello he bebido de un agua que apaga toda sed.


De un agua que fluye con un murmullo de canción de cuna;

una fuente que yace pocos metros bajo la tierra;

de una cueva que se halla muy cerca del suelo.


Que no se diga neciamente que mi morada es oscura y angosto mi lecho;

pues jamás hombre alguno durmió en lecho distinto,

y todos ustedes, para dormir, dormirán en un lecho idéntico.


Mi espíritu atormentado descansa blandamente,

olvidando, jamás añorando sus rosas;

sus viejos anhelos de mirtos y rosas.



Pues ahora, mientras yace apaciblemente,

se imagina alrededor un aroma más sagrado;

un aroma de pensamientos,

un aroma de romero mezclado con pensamientos,

con las hojas de ruda y los hermosos y humildes pensamientos.


Y así­ yace en paz,

sumido en el sueño sin fin de la verdad y la belleza de Annie,

anegado entre las trenzas de Annie.


Ella me besó delicadamente, ella me acarició con ternura,

y yo me dormí­ suavemente sobre su seno,

profundamente dormido en el cielo de su seno.


Cuando la luz se extinguió, ella me tapó cuidadosamente,

y rogó a los ángeles que me protegiesen de todo mal:

a la Reina de los ángeles que me guardara de todo mal.


Y tan quieto permanezco tendido en mi lecho (sabiendo el amor de ella),

que ustedes imaginan que estoy muerto;

y tan apaciblemente reposo en mi lecho (con el amor de ella en mi seno),

que imaginan que estoy muerto,

se estremecen al mirarme creyéndome muerto.


¡Pero mi corazón es más brillante

que las estrellas que salpican en miradas el cielo,

pues brilla con Annie, resplandece con el amor de mi Annie,

con el pensamiento de la luz de los ojos de mi Annie!




Edgar Allan Poe

martes, 4 de mayo de 2010

El Fantasma

¿Quién golpea? Yo, quien fuera bella
más allá de todo sueño para regresar,
vengo de las raíces de la oscura espina más cercana
Y golpeo la puerta.

¿Quién habla? Yo... en un tiempo mi voz
tan dulce como el ave en vuelo,
cuando el eco acaricia las aguas;
Así­ te hablaba a tí­.

¡Oscura es la hora! Ay, y frí­a.
Solitaria es mi casa. Ah, ¿y la mía?
Miro, toco, labios, ojos que destellan en vano.
Tanto tiempo muertos para mí.

Silencio. Una calma lánguida en la puerta
detiene la luz de las estrellas.
Una mano busca a tientas en la penumbra
sobre llaves, cerrojos y barrotes.

Un rostro mira con fijeza. La noche gris
en el caos de la ausencia brilló;
Sólo había allá­ un vasto dolor,
el dulce seno ausente.

Walter de La Mare.

jueves, 22 de abril de 2010

La metamorfosis del Vampiro

La mujer, entretanto, con su boca de fresa,

Retorciéndose como serpiente entre las brasas,

Colmando con sus senos los hierros del corsé,

Recta estas palabras impregnadas de almizcle:

" Yo tengo el labio húmedo y conozco la ciencia

de olvidar en el fondo de un lecho la conciencia.

Seco todos los llantos con mis senos triunfantes,

Reír hago a los viejos con risas infantiles.

¡ Y para quien me vea desnuda y sin mis velos

soy la luna y el sol, las estrellas y el cielo!

Soy, mi querido sabio, tan erudita en goces,

Cuando ofrezco el pecho a crueles mordisco,

Tímida y libertina, y frágil y robusta,

Que sobre eso colchones que de emoción se pasman

Lo impotentes ángeles por mí se perderían!"

Cuando ella hubo chupado de mis huesos la médula

Y yo, lánguidamente me hube vuelto hacia ella

A besarle los labios con amor, hallé sólo

¡un pringoso pellejo, chorreante de pus!

Cerré al punto los ojos, en mi gélido espanto,

Y cuando volví a abrirlos a la claridad viva,

A mi lado en lugar del maniquí potente

Que al parecer tenía gran provisión de sangre;

Restos de un esqueleto se agitaban confusos;

De ellos brotaban el grito que lanza una veleta

O un rótulo que pende de una barra de hierro

Y hace girar el viento en las noches de invierno.



Charles Baudelaire

lunes, 19 de abril de 2010

Bécquer: Rima XXXVI

XXXVI


Si de nuestros agravios en un libro

Se escribiese la historias,

Y se borrase en nuestras almas cuanto

Se borrase en sus hojas;


Te quiero tanto aún, dejó en mi pecho

Tu amor huellas tan hondas,

Que sólo con que tú borrases una,

¡ Las borraba yo todas!

viernes, 9 de abril de 2010

Rima LXVI

LXVI

LXVI


¿ De donde vengo?... el más horrible y áspero

de los senderos busca.

Las huellas de unos pies ensangrentados

Sobre la roca dura;

Los despojos de un alma hecha jirones

En las zarzas agudas,

Te dirán el camino

Que conduce a mi cuna.

¿ A donde voy? El más sombrío y triste

de los páramos cruza:

valle de eternas nieves y de eternas

melancólicas brumas.

En donde esté una piedra solitaria

Sin inscripción alguna,

Donde habite el olvido,


Allí estará mi tumba.


Gustavo Adolfo Bécquer

miércoles, 7 de abril de 2010

La Durmiente

La Durmiente

A la medianoche, en la casa de junio, suave y bruna,

Permanecía de pie bajo aquella mística luna.

Un vapor embriagante, somnoliento,

Exhalaba sobre el valle su encantamiento,

Fluyendo gota a gota, suavemente,

Sobre la cresta calma del monte,

Robaba el delicado sopor musical

De aquel profundo valle universal.

El romero crece sobre la tumba,

El lirio corre sobre la marea;

Envolviendo la niebla aérea,

Y las ruinas descansan juntas.

¡Mirad! Semejante al Leteo duerme el lago,

Un reposo sin tregua en su mundo soñado;

Y del sopor consciente no quiere despertar,

¡Toda la belleza duerme!

Allá donde sueña Irene,

Sola con su destino.

¡Oh, Dama brillante! ¿Puede ser real

Esta ventana abierta hacia la noche?

Los aires furiosos, desde la copa de los árboles

Ríen a través del trémulo cristal.

El aire descarnado, camino del hechizo,

Atraviesa la habitación con paso herido;

Ondeando las cortinas violentamente

-Tan terriblemente-

Abatiendo el frí­o marco cerrado,

Donde tu alma durmiente yace oculta.

Por el suelo y sobre los gastados muros,

Como fantasmas bailan las sombras.

¡Oh, querida Señora! ¿Acaso no temes?

¿Porqué permaneces aquí­ soñando?

De seguro puedes viajar hacia el mar lejano,

Una maravilla para estos árboles cansados.

¡Extraña es tu palidez! Extraño es tu vestido,

Pero sobre todo, extraña es tu delgada forma

En esta silenciosa y solemne hora.

¡La Señora duerme! ¡Oh, tal vez duerma

Un sueño perdurable, profundo!

El cielo te conserva en su santo seno,

Y este cuarto se ha hecho eterno,

Este lecho ha crecido, profético.

Ruego a Dios que ella pueda reposar

Por siempre con los ojos cerrados,

Mientras su pálido fantasma pasa a mi lado.


¡Mi Amor! ¡Ella duerme! ¡Oh, tal vez duerma

Un sueño interminable, incorrupto!

¡Piadosos serán los gusanos con su carne!

Lejos en el bosque, oscuro y viejo,

Tal vez las bisagras de su cripta se abran,

Una bóveda que a menudo absorbe la noche,

Y las negras alas al amanecer volverán,

Triunfantes sobre la pálida cresta,

Reina de una familia sepulcral.

Algunas criptas, remotas, distantes,

Cuyas puertas fueron abatidas por su mano de niña,

Lanzando en la infancia inocentes piedras;

Algunas tumbas, de cuyas sórdidas grietas

Ella nunca volverá a escuchar los ecos,

¡Es horrible pensar en los pobres niños del pecado!

Pues fueron los muertos quienes te llamaron.



Edgar Allan Poe


miércoles, 24 de marzo de 2010

Lord Byron: Acuérdate de mi

Acuérdate de Mí

Acuérdate de Mí.


Llora en silencio mi alma solitaria,
excepto cuando esté mi corazón
unido al tuyo en celestial alianza
de mutuo suspirar y mutuo amor.

Es la llama de mi alma cual aurora,
brillando en el recinto sepulcral:
casi extinta, invisible, pero eterna...
ni la muerte la puede mancillar.

¡Acuérdate de mí!... Cerca a mi tumba
no pases, no, sin regalarme tu plegaria;
para mi alma no habrá mayor tortura
que el saber que has olvidado mi dolor.

Oye mi última voz. No es un delito
rogar por los que fueron. Yo jamás
te pedí nada: al expirar te exijo
que sobre mi tumba derrames tus lágrimas.





Lord Byron

jueves, 17 de diciembre de 2009

Lord Byron : The Giaour

El Giaour

Pero antes, sobre la tierra, como vampiro enviado,
tu cadáver del sepulcro será exiliado;
entonces, lívido, vagarás por el que fuera tu hogar,
y la sangre de los tuyos has de arrancar;
allí, de tu hija, hermana y esposa,
a media noche, la fuente de la vida secarás;
Aunque abomines aquel banquete, debes, forzosamente,
nutrir tu lívido cadáver andante,
tus víctimas, antes de expirar,
en el demonio a su señor verán;
maldiciéndote, maldiciéndose,
tus flores marchitándose están en el tallo.
Pero una que por tu crimen debe caer,
la más joven, entre todas, la más amada,
llamándote padre, te bendecirá:
¡esta palabra envolverá en llamas tu corazón!
Pero debes concluir tu obra y observar
en sus mejillas el último color;
de sus ojos el destello final,
y su vidriosa mirada debes ver
helarse sobre el azul sin vida;
con impías manos desharás luego
las trenzas de su dorado cabello,
que fueron bucles por ti acariciados
y con promesas de tierno amor despeinados;
¡pero ahora tú lo arrebatas,
monumento a tu agonía!
Con tu propia y mejor sangre chorrearán
tus rechinantes dientes y macilentos labios;
luego, a tu lóbrega tumba caminarás;
ve, y con demonios y espíritus delira,
hasta que de horror estremecidos, huyan
de un espectro más abominable que ellos.

Lord Byron (1788-1824)

miércoles, 14 de octubre de 2009

Allan Poe << Annabel Lee>>


Hoy subo este poema, aunque con un poquito de retraso, porque el día 7 de Octubre fue el aniversario de su muerte. Para todos a los que les guste:




Annabel Lee

Hace muchos, muchos años,
en un reino junto al mar,
habitó una señorita a quien puedes conocer
por el nombre de Annabel Lee;
y esta señorita no vivía con otro pensamiento
que amar y ser amada por mí.

Yo era un niño y ella era una niña
en este reino junto al mar
pero nos amábamos con un amor que era más que amor
—yo y mi Annabel Lee—
con un amor que los ángeles súblimes del Paraíso
nos envidiaban a ella y a mí.

Y esa fue la razón que, hace muchos años,
en este reino junto al mar,
un viento partió de una oscura nube aquella noche
helando a mi Annabel Lee;
así que su noble parentela vinieron
y me la arrebataron,
para silenciarla en una tumba
en este reino junto al mar.

Lo ángeles, que no eran siquiera medio felices en el Paraíso,
nos cogieron envidia a ella y a mí:—
¡Sí!, esa fue la razón (como todos saben,
en este reino junto al mar)
que el viento salió de una nube, helando
y matando mi Annabel Lee.

Pero nuestro amor era más fuerte que el amor
de aquellos que eran mayores que nosotros—
de muchos más sabios que nosotros—
y ni los ángeles in el Paraíso encima
ni los demonios debajo del mar
separarán jamás mi alma del alma
de la hermosa Annabel Lee:—

Porque la luna no luce sin traérme sueños
de la hermosa Annabel Lee;
ni brilla una estrella sin que vea los ojos brillantes
de la hermosa Annabel Lee;
y así paso la noche acostado al lado
de mi amada, mi amada, mi vida, mi novia,
en su sepulcro junto al mar—
en su tumba junto al sonoro mar.