
Soy una parte de la parte que al principio era todo. Una parte de esa oscuridad que dio nacimiento a la luz, La luz orgullosa que ahora disputa a su madre la Noche Su antiguo rango y el espacio que ella ocupaba.
jueves, 20 de mayo de 2010
viernes, 14 de mayo de 2010
Para Annie.
¡A Dios gracias! La crisis, el peligro ha pasado,
y la pena interminable al fin concluyó,
y esa fiebre llamada vivir fue vencida al final.
Tristemente, se que fui despojado de mi fuerza,
y sin mover un músculo permanezco tendido.
Mas nada importa, yo siento que al fin me encuentro mejor.
Y tan quieto yazgo en mi lecho
que cualquiera que me viese podría imaginar que estoy muerto,
podría estremecerse al mirarme creyéndome muerto.
El lamentarse y gemir, los llantos y los suspiros, fueron aplacados;
y con ellos el horrible palpitar del corazón.
¡Ah , ese horrible, horrible palpitar!
Los mareos, las náuseas, el dolor implacable,
cesaron con la fiebre que laceraba mi cerebro,
con la fiebre llamada vivir que quemaba mi cerebro.
Se calmó también la tortura, de todas la peor:
esa horrible tortura de la sed por las aguas mortales del río maldito de la Pasión;
pues para ello he bebido de un agua que apaga toda sed.
De un agua que fluye con un murmullo de canción de cuna;
una fuente que yace pocos metros bajo la tierra;
de una cueva que se halla muy cerca del suelo.
Que no se diga neciamente que mi morada es oscura y angosto mi lecho;
pues jamás hombre alguno durmió en lecho distinto,
y todos ustedes, para dormir, dormirán en un lecho idéntico.
Mi espíritu atormentado descansa blandamente,
olvidando, jamás añorando sus rosas;
sus viejos anhelos de mirtos y rosas.
Pues ahora, mientras yace apaciblemente,
se imagina alrededor un aroma más sagrado;
un aroma de pensamientos,
un aroma de romero mezclado con pensamientos,
con las hojas de ruda y los hermosos y humildes pensamientos.
Y así yace en paz,
sumido en el sueño sin fin de la verdad y la belleza de Annie,
anegado entre las trenzas de Annie.
Ella me besó delicadamente, ella me acarició con ternura,
y yo me dormí suavemente sobre su seno,
profundamente dormido en el cielo de su seno.
Cuando la luz se extinguió, ella me tapó cuidadosamente,
y rogó a los ángeles que me protegiesen de todo mal:
a la Reina de los ángeles que me guardara de todo mal.
Y tan quieto permanezco tendido en mi lecho (sabiendo el amor de ella),
que ustedes imaginan que estoy muerto;
y tan apaciblemente reposo en mi lecho (con el amor de ella en mi seno),
que imaginan que estoy muerto,
se estremecen al mirarme creyéndome muerto.
¡Pero mi corazón es más brillante
que las estrellas que salpican en miradas el cielo,
pues brilla con Annie, resplandece con el amor de mi Annie,
con el pensamiento de la luz de los ojos de mi Annie!
Edgar Allan Poe
martes, 4 de mayo de 2010
El Fantasma
más allá de todo sueño para regresar,
vengo de las raíces de la oscura espina más cercana
Y golpeo la puerta.
¿Quién habla? Yo... en un tiempo mi voz
tan dulce como el ave en vuelo,
cuando el eco acaricia las aguas;
Así te hablaba a tí.
¡Oscura es la hora! Ay, y fría.
Solitaria es mi casa. Ah, ¿y la mía?
Miro, toco, labios, ojos que destellan en vano.
Tanto tiempo muertos para mí.
Silencio. Una calma lánguida en la puerta
detiene la luz de las estrellas.
Una mano busca a tientas en la penumbra
sobre llaves, cerrojos y barrotes.
Un rostro mira con fijeza. La noche gris
en el caos de la ausencia brilló;
Sólo había allá un vasto dolor,
el dulce seno ausente.
Walter de La Mare.
miércoles, 28 de abril de 2010
jueves, 22 de abril de 2010
La metamorfosis del Vampiro
La mujer, entretanto, con su boca de fresa,
Retorciéndose como serpiente entre las brasas,
Colmando con sus senos los hierros del corsé,
Recta estas palabras impregnadas de almizcle:
" Yo tengo el labio húmedo y conozco la ciencia
de olvidar en el fondo de un lecho la conciencia.
Seco todos los llantos con mis senos triunfantes,
Reír hago a los viejos con risas infantiles.
¡ Y para quien me vea desnuda y sin mis velos
soy la luna y el sol, las estrellas y el cielo!
Soy, mi querido sabio, tan erudita en goces,
Cuando ofrezco el pecho a crueles mordisco,
Tímida y libertina, y frágil y robusta,
Que sobre eso colchones que de emoción se pasman
Lo impotentes ángeles por mí se perderían!"
Cuando ella hubo chupado de mis huesos la médula
Y yo, lánguidamente me hube vuelto hacia ella
A besarle los labios con amor, hallé sólo
¡un pringoso pellejo, chorreante de pus!
Cerré al punto los ojos, en mi gélido espanto,
Y cuando volví a abrirlos a la claridad viva,
A mi lado en lugar del maniquí potente
Que al parecer tenía gran provisión de sangre;
Restos de un esqueleto se agitaban confusos;
De ellos brotaban el grito que lanza una veleta
O un rótulo que pende de una barra de hierro
Y hace girar el viento en las noches de invierno.
Charles Baudelaire
lunes, 19 de abril de 2010
Bécquer: Rima XXXVI
XXXVI
Si de nuestros agravios en un libro
Se escribiese la historias,
Y se borrase en nuestras almas cuanto
Se borrase en sus hojas;
Te quiero tanto aún, dejó en mi pecho
Tu amor huellas tan hondas,
Que sólo con que tú borrases una,
¡ Las borraba yo todas!

